¿Por qué duele tanto que nos rompan el corazón? Conoce el síndrome del corazón roto
Conoce qué es el síndrome del corazón roto y descubre por qué duele tanto cuando una persona querida se va de tu vida.
Existen canciones, libros e incluso películas que describen cómo se siente un corazón roto, el dolor de perder a un ser amado. Pero más allá de lo que ves en pantalla o escuchas en una canción, romper un vínculo importante deja huellas reales en tu cuerpo y en tu mente. Y no, no estás exagerando cuando sientes que te cuesta respirar, que no puedes comer o que todo se desordena por dentro.
¿Qué pasa en tu cuerpo cuando pierdes a alguien?
Cuando alguien que amas se va —ya sea por una ruptura o porque fallece—, tu cuerpo reacciona con una descarga intensa de cortisol, la hormona del estrés. Esa hormona, en exceso, hace que el corazón lata más rápido, que los vasos sanguíneos se contraigan y que sientas ese dolor en el pecho que parece no irse. También puede afectar tu digestión, quitarte el apetito o hacer que cualquier comida te caiga mal.
¿Realmente puedes enfermarte por amor?
Aunque suene dramático, sí, puedes enfermarte por un corazón roto. Existe una condición llamada miocardiopatía de takotsubo, que es un tipo de daño cardíaco temporal relacionado directamente con emociones intensas. Se manifiesta con síntomas parecidos a los de un infarto y puede ser grave si ya tienes alguna condición de salud o si estás atravesando ansiedad o depresión.
¿El cerebro también sufre una pérdida amorosa?
Tu cerebro también sufre. Al enfrentar una pérdida emocional, se activan las mismas áreas que responden al dolor físico. Y eso explica por qué duele tanto. Además, tu mente empieza a jugarte en contra con pensamientos que aparecen sin que los busques: ese recuerdo inoportuno, esa imagen que no querías ver, esa canción que ya no puedes escuchar. Todo eso es parte del proceso.
¿Qué síntomas emocionales aparecen tras una ruptura?
Esto es lo que suele pasarte cuando te rompen el corazón:
- Se rompen también las rutinas: las actividades que hacían juntos dejan de tener sentido.
- Aparecen pensamientos intrusivos: llegan sin permiso y te revuelven por dentro.
- El malestar se alarga más de lo esperado: no se trata de ‘superarlo rápido’.
- Sientes una especie de abstinencia: como si tu cuerpo y tu mente reclamaran esa conexión perdida.
¿Cómo puedes empezar a sanar?
No tienes que atravesarlo sola o solo. Sentir dolor no es un signo de debilidad, y pedir ayuda tampoco. Buscar apoyo psicológico, rodearte de personas que te escuchen y darte tiempo para sanar es parte del proceso. Porque sí, duele… pero también se puede sanar. Y mereces sanar.
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